Project Eleven crea una herramienta de recuperación para Bitcoin frente al riesgo cuántico
La herramienta usa pruebas de conocimiento cero para demostrar la propiedad de una cartera, pero no resuelve el caso de las primeras salidas de Bitcoin, como las de Satoshi Nakamoto.

Puntos clave
- Project Eleven ha desarrollado una herramienta de recuperación para carteras de Bitcoin por si en el futuro los ordenadores cuánticos llegaran a falsificar firmas.
- La prueba se completa en 243 milisegundos en un portátil y recurre a pruebas de conocimiento cero sin exponer datos de la clave.
- En el caso de las monedas antiguas de Bitcoin, incluidos los aproximadamente 1,1 millones de BTC de Satoshi Nakamoto, este método no ofrece una solución.
Project Eleven asegura haber desarrollado una herramienta de recuperación que podría servir a las wallets de Bitcoin si algún día los ordenadores cuánticos llegaran a falsificar firmas. La compañía sostiene que la prueba se ejecuta en 243 milisegundos en un portátil y que utiliza pruebas de conocimiento cero para acreditar la propiedad de una cartera sin revelar información de la clave. Aun así, en el caso de las monedas de Bitcoin más antiguas, incluidas las aproximadamente 1,1 millones de BTC atribuidas a Satoshi Nakamoto, la propuesta no resuelve el problema.
Amenaza cuántica para Bitcoin
El debate se centra en un escenario hipotético, conocido a menudo como Q-Day, en el que un ordenador cuántico podría derivar una clave privada a partir de una clave pública. Si eso ocurriera, una firma convencional dejaría de ser una prueba fiable de propiedad, porque un atacante podría reproducirla igual que el titular legítimo. De acuerdo con BIP-361, más del 34% de todo Bitcoin entra en esa categoría de riesgo, ya que en algún momento la clave pública quedó expuesta en la cadena.
El mayor riesgo recae sobre la criptografía de curva elíptica que sustenta las firmas de Bitcoin. El hashing, en cambio, es menos vulnerable, porque los ordenadores cuánticos no disponen de la misma vía directa de ataque. Sin embargo, las wallets se construyen en la práctica a partir de una combinación de ambos elementos. Por eso, el sector lleva tiempo explorando soluciones post-cuánticas y fórmulas para proteger monedas antiguas sin alterar la red más de lo necesario. En ese contexto también entra la discusión sobre cómo tratar el Bitcoin de Satoshi si el riesgo cuántico llegara a materializarse.
Recuperación mediante la ruta de derivación
La base del nuevo planteamiento es que un usuario puede demostrar que conoce los materiales de la clave situados por encima de una dirección concreta dentro del árbol de derivación, y que ese árbol genera precisamente esa dirección. Además, la prueba se vincula a un mensaje específico, de modo que la misma construcción también puede autorizar una transacción de migración. Los datos subyacentes de la clave permanecen ocultos.
Project Eleven ha trabajado en esta solución junto con Jim Posen, desarrollador principal del sistema de pruebas Binius. La empresa afirma que la prueba tarda 243 milisegundos en un M5 MacBook Air con cuatro núcleos, mientras que la verificación requiere 40 milisegundos. No hace falta una configuración de confianza y la prueba se ejecutó sin GPU, con aproximadamente 2 gigabytes de memoria.
El momento es relevante porque BIP-32, el sistema de derivación de wallets, no se introdujo hasta 2012. Antes de eso, las wallets generaban cada clave de forma independiente y aleatoria. Eso implica que las primeras monedas de Satoshi, almacenadas en salidas pay-to-public-key, no cuentan con una ruta de derivación a partir de la cual demostrar conocimiento. En esas salidas antiguas, simplemente no existe una clave previa sobre la que apoyarse.
Por qué esto importa para Europa
Para los inversores europeos en cripto, la cuestión es relevante sobre todo porque la seguridad cuántica no es solo un asunto técnico, sino también de gestión de wallets y migración de monedas antiguas. Si Bitcoin llegara algún día a adoptar una transición amplia hacia soluciones post-cuánticas, eso podría modificar la forma en que los exchanges, los custodios y las soluciones de autocustodia organizan su infraestructura y sus procedimientos. El debate también deja claro que el paso hacia una nueva criptografía en una red descentralizada probablemente avanzará por etapas y exigirá una coordinación estrecha.