La Clarity Act se atasca por la ética de Trump y los demócratas exigen reglas más estrictas
Los demócratas ven demasiado débiles las restricciones éticas sobre los intereses cripto de Trump, mientras la aplicación de las normas y el papel del DOJ dividen al Senado.

Puntos clave
- El Senado de Estados Unidos y la Casa Blanca chocan por la Clarity Act, sobre todo por las restricciones éticas para el presidente Donald Trump en la industria cripto.
- Los demócratas consideran demasiado débil la aplicación propuesta; quieren que también puedan actuar los fiscales estatales junto con el Departamento de Justicia.
- La disputa política retrasa la tramitación, mientras la ley debe aportar claridad sobre las normas cripto, la supervisión y las competencias.
Los demócratas del Senado estadounidense y la Casa Blanca han vuelto a chocar por la Digital Asset Market Clarity Act. En esta ocasión, el foco está en una cláusula ética destinada a limitar las actividades cripto del presidente Donald Trump. El proyecto incorpora por primera vez restricciones explícitas para un presidente en ejercicio, pero los demócratas siguen viéndolas como insuficientes y reclaman una aplicación más estricta.
La ética se convierte en el eje del acuerdo
Según el asesor cripto de la Casa Blanca, Patrick Witt, la concesión de Trump responde precisamente a una demanda previa de los demócratas. En declaraciones a CoinDesk, afirmó que el presidente ha aceptado límites a su conducta en la industria cripto y que ningún otro mandatario había dado ese paso antes. Aun así, los demócratas sostienen que la aplicación prevista sigue siendo demasiado limitada, sobre todo después de que Trump, según la senadora Elizabeth Warren, recibiera en 2025 más de 1,4$ mil millones (1,2€ mil millones) de empresas cripto.
La redacción actual prohíbe de forma temporal que altos cargos emitan o patrocinen criptomonedas. Sin embargo, esa restricción no alcanza automáticamente a todos los intereses empresariales, por lo que la participación de Trump en World Liberty Financial podría quedar fuera del alcance de la norma. Aun así, la disposición podría obligarlo a tomar más distancia de ciertas inversiones, por ejemplo mediante fideicomisos a los que no pueda acceder directamente.
La aplicación sigue siendo el principal obstáculo
El principal punto de fricción es quién debe hacer cumplir las normas. En la versión actual, esa responsabilidad recae sobre todo en el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que no podría imponer multas superiores a 500.000$ (439.500€) ni iniciar una demanda civil. Los demócratas quieren que también puedan intervenir los fiscales estatales, para que la aplicación no dependa por completo de un departamento bajo una administración de Trump.
A esto se suma que la restricción expiraría a comienzos de 2029. Eso significa que un gobierno posterior ya no podría perseguir infracciones anteriores, lo que reduce todavía más el alcance práctico de la medida. El trasfondo político queda así expuesto con claridad: la ley sí reconoce que los conflictos de interés en cripto forman parte del debate, pero sigue abierta la duda de si su aplicación será lo bastante sólida como para marcar una diferencia real.
Aumenta la presión sobre el Senado
La discusión lleva meses frenando la Clarity Act y podría incluso dejar la ley fuera de la ventana en la que todavía podría aprobarse con relativa facilidad en 2026. El líder de la mayoría del Senado, John Thune, dijo el jueves que es poco probable que el texto llegue al pleno antes del receso de verano. Al mismo tiempo, grandes grupos de presión del sector cripto piden acelerar la tramitación, porque, a su juicio, cualquier demora prolonga la ausencia de normas específicas, de protección al consumidor y de una distribución clara de competencias entre la SEC y la CFTC.
Para los lectores europeos del sector, lo más relevante es que el pulso en torno a la Clarity Act muestra lo difícil que sigue siendo construir un marco único para las crypto exchanges, los emisores de tokens y los actores institucionales. La ley busca precisamente reducir esa incertidumbre jurídica, pero la disputa política en torno a Trump deja claro que la regulación en Estados Unidos sigue siendo tanto una cuestión de poder y ética como de estructura de mercado. En el Senado, ese debate ético lleva tiempo sobre la mesa; los ingresos cripto de Trump ya habían puesto antes bajo presión las negociaciones.